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El oficio de carnicero, una profesión que también debe ser vocacional

El oficio de carnicero, una profesión que también debe ser vocacional

Dice Wikipedia: “se llama carnicero a la persona que se ocupa de la venta de carne y productos derivados de la misma”, pero consideramos que nuestro trabajo va mucho más allá de esta ‘simple’ descripción, y hoy, como hace siempre con mucho orgullo en redes siempre nuestra directora María de Blas, sacamos nuestra bandera de #soycarnicera. El blog de hoy va sobre nuestra ancestral profesión, su origen e historia.

La historia de los carniceros comenzó en Atenas allá por el s. V a.C y después se amplió a Roma donde se fue instaurando como tal. En 1096, se fundó la primera carnicería ‘oficial’ en París. Desde ahí, fue pasando de generación en generación haciéndose cada vez más especializada allá por el s. XV. Como anécdota, a finales del s. XVI en Francia crearon sus propios estatutos para comercializar y vender la carne pesándola en balanza y no a ojo, como se hacía hasta entonces. ¿Os imagináis si el carnicero no tuviera ese ‘ojo’ muy fino?

En nuestro país existía la figura del ‘tablajero’, el cual tenía una maña especial para hacer diferentes cortes para guisar, hacer filetes, más allá de cortar en canal un animal recién sacrificado. Estos carniceros fueron desarrollando la destreza y el conocimiento de la anatomía del animal, de sus músculos, estructuras, sus mejores cortes para sacar el mejor partido, conseguir carnes más tiernas, etc. En los años 40 del s. XX, era incluso necesario solicitar y renovar un carnet especial para vender carnes, que fue el antecesor del actual carnet de manipulador de alimentos.

Y de cortar carne y despiezar animales enteros, fueron ampliando sus funciones, como preparar derivados cárnicos de cerdo u otras especies… y comienza la inclusión de las mujeres al oficio, a la cuales llamaban ‘ternereras’, vestidas con delantales de puntillas y manguitos de un blanco nuclear que simbolizaba pureza y limpieza en sus elaboraciones. Su misión era el despiece fino.

Porque, ¿qué más aptitudes debemos tener los carniceros además de cortar con destreza? Somos especialistas en conservar la carne, incluso antes de que existieran cámaras frigoríficas; envasamos para su exportación y venta; siendo expertos también en manejar equipos mecanizados para cortar, afilar cuchillos, etc. Además, debemos ser escrupulosos en la limpieza de las áreas de trabajo y nuestras herramientas, así como en nuestra indumentaria, porque… ¡todo cuidado es poco para mantener la calidad del producto para que se conserve en perfecto estado!

Y por supuesto, debemos tener precisión a la hora de cortar, energía para levantarnos muy muy temprano para preparar los pedidos y fuerzas cual Hulk para levantar piezas pesadas… ¡no sabéis lo que nos ahorramos en gimnasio!

Con estas pinceladas ya sabéis una parte del día a día de nuestra labor en Solobuey. A todo esto debemos añadirle ‘otros ingredientes’ para ser buenos carniceros: es preciso sumar el trato con proveedores de máxima confianza y la realización de exhaustivos controles, que garantizan la llegada de los productos en óptimas condiciones. Por supuesto, también la pasión, el cariño y esmero que el equipo pone cada día en su trabajo, para asegurar que cada comida sea perfecta y que cada uno de nuestros clientes sienta el trato directo y cercano que queremos daros. Porque ya sabéis que siempre estamos al otro lado del teléfono para asesoraros sobre tipos de carne adecuada para cada ocasión, cantidades por persona, formas de elaboración, etc.

Y podríamos seguir contando mucho más sobre nuestras aptitudes, funciones y habilidades para que os llegue lo mejor a casa, pero hoy, con esta introducción a nuestros orígenes, creemos que es suficiente. Ojalá el oficio de carnicer@ no se pierda nunca ni se nos cambie por máquinas que realicen todo el trabajo, porque el cariño y amor que le ponemos, nunca lo podrá sustituir una máquina. Porque siempre tendremos… ¡#orgullodesercarniceros!

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