Ovejas y cabras contra los incendios
Este verano está siendo especialmente duro. Las imágenes de montes calcinados, pueblos desalojados y cientos de profesionales luchando contra el fuego forman ya parte de nuestro día a día. Y aunque solemos pensar en aviones, helicópteros o brigadas forestales cuando hablamos de prevención, existe un aliado silencioso que lleva siglos cuidando nuestros montes: las ovejas y las cabras.
Sí, has leído bien.
Los «bomberos» de cuatro patas
Mientras pastan, ovejas y cabras hacen algo mucho más importante que alimentarse. Consumen hierba seca, pequeños arbustos y vegetación que, cuando llega el verano, se convierte en el combustible perfecto para que un incendio avance a gran velocidad.
Cada rebaño mantiene limpio el monte de forma totalmente natural, reduciendo la cantidad de material inflamable y creando zonas donde el fuego tiene muchas más dificultades para propagarse.
Es un trabajo que realizan durante todo el año, sin hacer ruido y sin necesidad de maquinaria.
El problema: cada vez hay menos pastores
Sin embargo, este sistema natural está en peligro.
Cada año desaparecen explotaciones ganaderas y son menos los jóvenes que deciden dedicarse al pastoreo. Con ello no solo perdemos producción de carne o actividad económica en los pueblos; también desaparece una herramienta fundamental para conservar nuestros paisajes.
Donde antes había rebaños, hoy muchas veces encontramos montes abandonados, con una enorme acumulación de vegetación seca.
Y eso tiene consecuencias.
Consumir también es cuidar el territorio
Muchas veces pensamos que apoyar al medio rural consiste únicamente en visitar los pueblos durante las vacaciones.
Pero hay otra forma muy sencilla de hacerlo durante todo el año: apostar por productos procedentes de la ganadería extensiva.
Cada vez que elegimos carne de cordero o cabrito procedente de este modelo estamos ayudando a que continúe una actividad que mantiene vivo el campo, fija población en la España rural y contribuye al cuidado del entorno.
No se trata únicamente de gastronomía. Se trata de paisaje, biodiversidad y prevención.
Mucho más que una tradición
La trashumancia, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sigue siendo hoy una práctica de enorme valor ambiental.
Los rebaños trasladan semillas, fertilizan el suelo, mantienen abiertos caminos históricos y ayudan a conservar algunos de los ecosistemas más valiosos de nuestro país.
Por eso, cada vez más instituciones europeas reconocen el papel estratégico de la ganadería extensiva como una herramienta eficaz para prevenir grandes incendios forestales.
Cada pequeño gesto suma
Desde Solobuey creemos que detrás de cada alimento hay una historia. La de los ganaderos que cuidan sus animales. La de quienes mantienen vivos nuestros pueblos. Y también la de quienes, sin saberlo, contribuyen cada día a proteger nuestros montes.
Porque cuidar el campo también empieza en nuestra mesa.

