Tipos de huevos: ¿son todos igual de buenos?

Tipos de huevos: ¿son todos igual de buenos?

Celebramos el 30.º aniversario del Día Mundial del Huevo descubriendo distintos tipos de huevos, sus propiedades y diferencias, por qué unos son blancos y otros morenos, qué pinta el gallo en todo esto y por qué los estadounidenses los almacenan en el supermercado de una forma muy distinta a nosotros. Tú también te has hecho alguna de estas preguntas alguna vez, ¿verdad?

Hay alimentos que se merecen un día mundial y otros que, sinceramente, podrían reclamar una semana entera. El huevo pertenece claramente al segundo grupo, pero cada segundo viernes de octubre desde hace, nada más y nada menos que 30 años, se celebra el Día Mundial del Huevo. La efeméride nació en Viena en 1996 y este año, según la World Egg Organisation, se celebra bajo el lema: “Proteína que da energía y protege”.

Y parece que nosotros no necesitamos demasiadas excusas para celebrarlo. Según los últimos datos de consumo publicados por INPROVO, (son de 2025), en España consumimos casi 147 huevos por persona al año, cuatro más que el año anterior, y están presentes en el 97 % de los hogares.

Cuando hablamos de huevos, casi siempre pensamos automáticamente en los de gallina, pero hay muchos más. Así que aprovechamos la fecha para hacernos una pregunta: entre tantos tipos de huevos, ¿son todos igual de buenos?

Tipos de huevos fáciles de encontrar en el mercado: de gallina, codorniz, pato, oca y avestruz

No queremos dejar mal a nadie, pero empecemos a comparar cualidades por el rey de nuestra nevera. El huevo de gallina es una magnífica fuente de proteínas de alto valor biológico y aporta vitaminas y minerales, además de grasas concentradas principalmente en la yema. Pero no es el único que podemos comer.

El huevo de codorniz, pese a su diminuto tamaño, tiene una proporción de yema bastante elevada y un sabor algo más intenso. Su tamaño lo ha convertido además en un clásico de aperitivos y bocados de un par de mordiscos.

huevos de codorniz

Más contundente resulta el huevo de pato, generalmente más grande que el de gallina, con una yema también mayor y más grasa. Es cremoso, sabroso y muy apreciado en repostería precisamente por esa riqueza.

Si seguimos aumentando la escala llegamos al huevo de oca o ganso, que puede rondar unas tres veces el tamaño de uno de gallina. Tiene una yema grande y untuosa y un sabor más potente, así que uno solo puede solucionar una tortilla para varios sin demasiados esfuerzos.

Y entre los ‘asequibles’ o relativamente fáciles de encontrar, está también el huevo de avestruz. Puede pesar alrededor de kilo y medio y equivaler aproximadamente a una veintena de huevos de gallina. Eso sí, antes de lanzaros a prepararlo, reservad tiempo y comensales: cocerlo puede llevar más de una hora.

tipos de huevos gallina y avestruz

¿Hay entonces unos tipos de huevos mejores que otros? Si los comparamos por 100 gramos de parte comestible, las diferencias existen, aunque no son enormes. Entre los más habituales, el huevo de pato es uno de los más grasos, con unos 13,8 g de grasa por cada 100 g, seguido muy de cerca por el de oca, con 13,3 g; el de codorniz ronda los 11,1 g y el de gallina se mueve aproximadamente en torno a los 10-11 g.

En proteínas las distancias se acortan todavía más: el de oca alcanza unos 13,9 g por cada 100 g, el de codorniz 13,1 g, el de pato 12,8 g y el de gallina ronda los 12,5-13 g. Así que el tamaño engaña: un huevo más grande no es necesariamente más proteico ni más nutritivo proporcionalmente.

Y ya que hablamos de proteínas, es interesante saber que la clara del huevo de gallina contiene alrededor de un 11 % de proteína y prácticamente nada de grasa, pero la yema también contiene proteína —incluso en mayor concentración, alrededor del 17,5 %—, además de concentrar prácticamente toda la grasa del huevo y buena parte de sus vitaminas y minerales. Clara y yema, por tanto, tienen bastante más que ofrecer juntas que por separado, así que no te obsesiones con beberte las claras por litros…

¿Huevos blancos o morenos? El color no los hace mejores

También entre los huevos de gallina hay diferencias visibles. Unos son blancos, otros marrones y algunas razas incluso ponen huevos azulados o verdosos. Pero que nadie juzgue un huevo por su cáscara.

El color depende de la genética y la raza de la gallina y no convierte un huevo marrón en más natural, nutritivo o saludable que uno blanco.

Algo parecido sucede con el color de la yema, mucho más relacionado con la alimentación del animal que con la calidad nutricional del huevo. De estas diferencias y de los famosos códigos impresos en la cáscara ya hablamos ampliamente en este otro post, por si quieres refrescar algún dato.

Una gallina tarda 25 horas en hacer un huevo… ¿pero necesita un gallo?

Pues no. Y este es uno de esos datos que quizá todos deberíamos haber aprendido antes de llegar a adultos🙄.

Una gallina tarda aproximadamente 25 horas desde la ovulación hasta la puesta de un huevo y, alrededor de media hora después, su organismo puede empezar el proceso de formación del siguiente. Prácticamente terminan uno y se ponen con otro. ¡Y nosotros quejándonos de los lunes!

gallina incubando huevos

Y no, para este ‘pequeño milagro diario’ no necesitan un gallo. Las gallinas ponen huevos como parte de su ciclo reproductivo independientemente de que haya un macho cerca. En la frecuencia de puesta influyen factores como la raza, edad, salud, alimentación y, especialmente, las horas de luz e incluso la temperatura que haya en el ambiente.

¿Entonces para qué necesitamos al gallo? Para que el huevo esté fecundado. En las explotaciones comerciales dedicadas a producir huevos para consumo normalmente no hay gallos entre las ponedoras, algo que también puede ocurrir con las gallinas criadas en libertad.

Y otra aclaración importante: un huevo fecundado no contiene automáticamente un pollito desarrollándose. Para que el embrión progrese necesita las condiciones adecuadas de incubación. Así que es prácticamente imposible que un día al romper una cáscara alguien píe y te llame ‘mamá’. Para detectar si hay pollito o no, se observa el interior del huevo iluminándolo (es decir, por ovoscopia).

¿Hay que guardar los huevos en la nevera? Europa vs. Estados Unidos

Si alguna vez habéis entrado en un supermercado estadounidense quizá os haya llamado la atención encontrar los huevos refrigerados. De hecho, hay muchos americanos que han montado un buen ‘pollo’ en redes al entrar en los españoles y verlos en estanterías sin frío… No es una manía de unos ni una temeridad de otros: el tema es que utilizamos dos sistemas diferentes de seguridad alimentaria.

En la Unión Europea, siguiendo la normativa, los huevos de categoría A, los que compramos habitualmente, no se lavan antes de su comercialización. Así se mantiene intacta la cutícula, una finísima protección natural que recubre la cáscara y dificulta la entrada de microorganismos a través de sus poros.

En Estados Unidos, en cambio, los huevos comerciales se lavan y desinfectan. Al alterar esa barrera exterior necesitan mantenerse refrigerados durante su comercialización y posterior conservación.

Entonces, si aquí están fuera de la nevera en el supermercado, ¿por qué los metemos en ella al llegar a casa? Porque una temperatura baja y estable ayuda a conservarlos, mientras que refrigerarlos en la tienda y después transportarlos a temperatura ambiente podría provocar condensación sobre la cáscara, facilitando el crecimiento y la posible penetración de microorganismos.

Así que la norma fácil de recordar es: en casa, a la nevera y sin lavarlos antes de guardarlos. Y otro dato útil: su fecha de duración mínima no puede superar los 28 días desde la puesta.

De los tipos de huevos a las formas más raras de comerlos

Hace tiempo ya nos dio por explorar otro tipo de huevos curiosos en este blog y descubrimos perlas como los de hormiga o caracol. Esta vez preferimos viajar sin cambiar de especie: cambiando la forma de prepararlos.

pidan huevo centenario chino

Uno de los ejemplos más sorprendentes es el pidan chino, conocido como huevo centenario o huevo de los cien años. Son huevos, tradicionalmente de pato, conservados durante semanas o meses en un medio alcalino (tipo salmuera con té para aportar color y sabor) que transforma por completo su textura, aroma y aspecto: la clara se vuelve oscura y gelatinosa y la yema adquiere una consistencia cremosa y tonos verdosos.

En Japón encontramos el tamagoyaki, una tortilla ligeramente dulce elaborada enrollando sucesivas capas de huevo; y en los pubs de Reino Unido son tradicionales los pickled eggs, huevos cocidos conservados en vinagre y especias.

tamagoyaki japones con huevos

Vamos, que si pensabas que el gran debate de la humanidad era si nuestra tortilla se hacía con o sin cebolla, te falta mucho mundo por recorrer😉.

Combinaciones increíbles con huevo

Después de tanto viaje, volvemos a terreno conocido, porque el huevo tiene una habilidad especial para llevarse escandalosamente bien con algunos de nuestros productos favoritos y podemos tirar de ellos para celebrar su efeméride, ¿os parece?

Pocos platos necesitan menos explicación que unos huevos rotos con patatas y un buen jamón ibérico, pero podemos cambiar de compañero y servirlos con chistorra, el de codorniz sobre una rodaja de morcilla de arroz, sobrasada o incluso colocar uno poché sobre una hamburguesa. Y si la yema queda líquida y termina mezclándose con las patatas, la carne o el embutido, ¡mejor que mejor!

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