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Cocinar con embutido o fiambre

Cocinar con embutido o fiambre

“¡Pues vaya novedad!” -pensarán algun@s- “yo le pongo chorizo y morcilla a la fabada desde que el mundo es mundo”. Ya, pero es que no nos referimos solo del compango para cocinar… hoy vamos a hablar de salchichón ibérico, de salami o mortadella italiana de la buena, jamón de pato o el típico jamón cocido, con los que podemos hacer mucho más que un sándwich mixto. ¡Imaginación al poder!

El embutido es en realidad una pieza de carne picada, adobada con especias y hierbas aromáticas que una vez mezclada, se mete en tripa natural o artificial y se seca, ahuma, sala… pero el término se ha generalizado y cuando pensamos en una ‘tabla de embutidos’, a nadie se le ocurre dejar fuera al jamón o la cecina y también otros fiambres de carne cocida como la pechuga de pavo o el jamón york de toda la vida. Pero más allá de comerlos entre o acompañados de panes, ¿tienen más posibilidades culinarias? ¡Y tanto que sí!

Hace unos días el imaginativo chef Dabiz Muñoz cocinaba en sus redes sociales una guarnición de arroz frito con huevos de corral y salchichón ibérico que dejaba sin sentido. Un plato ‘fácil’ de imitar desde casa y sí, cuanto mejor sea la materia prima, mejor sabrá el resultado. Hoy no se trata de ‘aprovechar’ el fiambre que se nos va a poner malo, sino de hacer ese plato 10 con ingredientes de calidad. Para esta receta, os vendría bien nuestro ibérico de cebo que también tenemos ya cortado.

Pero esto no es una cosa moderna. Con cualquiera de los protagonistas del día -y algún condimento más- se puede mechar un redondo de ternera y quedar como un marqués. Hay otras recetas casi denostadas de hecho, en las que también se usan… por ejemplo, una muy común desde Castilla y León hacia el norte, como es la trucha frita y ‘rellena’ con una loncha de jamón dentro. Pero cuidado porque al freírse, un jamón muy salado podría estropearnos la cena, ya que con el calor se potencia ese sabor. Por eso es importante no sazonar demasiado el resto de ingredientes y además elegir un buen ‘compañero de baile’. La grasa de nuestro ibérico de cebo cortado elevará de nuevo al Olimpo esta tradicional receta.

De hecho para apreciar de verdad algunos de estos fiambres o embutidos, es recomendable cocinarlos lo mínimo posible. Todo el mundo le ha puesto alguna vez pechuga de pavo a la pizza. Esta se puede añadir perfectamente al principio del horneado para que incluso quede un poco crujiente, pero si hablamos de ingredientes más delicados o gourmet, como por ejemplo el jamón de pato, es recomendable colocarlo cuando ya esté la pizza terminada -como ya os sugerimos en un post anterior-. Poned el envase bajo un chorro de agua tibia un par de minutos antes de abrirlo y colocad las lonchas sobre el resto de ingredientes -unos higos también sin cocinar o tomates cherry salteados- y la base totalmente horneada. Por variar un poquito de la barbacoa o la 4 quesos no pasa nada…

Si alguien sabe de pizzas son los italianos, e incluso de pinsas -sí, una mezcla entre lo evidente y una focaccia porque la masa es un poco diferente-. Hay un rincón en Madrid donde su chef, Fabio Gasparini, prepara una con mortadela, burrata y pistachos, que crea adicción. Aquí tenéis la foto por si os animáis a intentar hacer una en casa con nuestra recién llegada mortadela clásica… e incluso subir un poquito más el nivel con la de trufa negra. También podéis encargársela al chef desde su web, por cierto, que reparten a domicilio en la capital. Las comparaciones son odiosas, pero no dejéis de intentarlo ;).

Y no nos podemos ir de Italia sin hablar del Salami Milano, que también acabamos de incorporar a nuestra tienda online y que puede darnos un sabor espectacular a una salsa para acompañar una deliciosa pasta.

¿Y qué hacemos con el jamón cocido? Pues seguro que aquí habéis investigado más el terreno… Se pueden hacer unos cachopos con una buena ternera pero también de merluza por ejemplo, poniendo jamón y queso entre dos colas no muy gruesas y luego pasándolas por harina y huevo para freírlas; algo similar pero con pencas de acelga en vez de carne o pescado -sí, la parte blanca más ancha no hace falta tirarla-… ¡y están buenísimas!; o una especie de milhojas con patata cocida cortada en láminas no muy gruesas, cebolla pochada, el jamón, queso, y vuelta a empezar con las patatas… Una vez montado se gratina y es un plato que enamora a los peques y salva de más de un apuro a cualquiera.

Salami MilanoHablando de apuros… después de todo esto ¿no te apetece cocinar o no sabes por dónde empezar? Pues busca un buen pan, abre cualquiera de estos loncheados ¡y disfruta!, que hemos dejado lo más fácil para el final.

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