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¿Realmente funciona poner música o ponerles nombre a las vacas?

¿Realmente funciona poner música o ponerles nombre a las vacas?

Aunque pueda parecer extraño y gracioso hay investigaciones que señalan que el ganado que escucha música y aquel que tiene nombre propio aumenta la producción de leche. Y es que parece ser que reduce el estrés de las vacas y el trato cercano les hace sentirse más felices.  

Psicólogos de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, publicaron un estudio hace unos años resaltando las propiedades positivas de tener altavoces en las granjas con el objetivo de que las vacas produjeran algunos litros extra de leche.

Pero no vale cualquier tipo de música, ya que tiene que ser clásica o melodías suaves. Por ejemplo la Sinfonía Pastoral de Beethoven y la canción Bridge Over Troubled Water de Simon & Garfunkel, fueron grandes éxitos durante la investigación.

Los científicos probaron con diversos estilos musicales, diferentes ritmos y tempos, y escogieron como conejillos de Indias un grupo de vacas Holando -una raza de ganado vacuno que se encuentra principalmente en Argentina y Uruguay, y que deriva de la vaca frisona-. Durante nueve semanas, se les expuso a música durante 12 horas al día.

Los resultados arrojaron que una vaca que escucha Mozart produce 5 litros más de leche al día que una que no escucha música o que escucha otros géneros musicales menos ‘tranquilos’ como puede ser el rock. Y por si esto no fuera suficiente, también analizaron la leche y se encontró que esta era más rica en proteínas y tenía mejores propiedades alimenticias.

La razón es que las melodías suaves lograron reducir el posible estrés al que las vacas podían estar sometidas. Por arriesgado que pueda parecer, tiene sentido ya que a los seres humanos también nos relaja la música sosegada.

La cuestión de por qué unas vacas producen más que otras también estriba en el trato que se les dispensa en general, al igual que la música, parece ser que ponerles nombre también ayuda. Según un estudio de los investigadores de la Universidad de Newcastle, las vacas con nombre propio dan más leche. ¿Hay que ponerle nombre a todas? No exactamente, lo que hay que hacer es tratarlas de manera particular, por eso las granjas de producción industrial y a gran escala tendrían –en principio-, más problemas a la hora de conseguir este objetivo. Todos los pequeños granjeros que participaron en el estudio señalaron que habían aumentado el rendimiento de cada animal en 258 litros anuales.

“Al igual que los humanos respondemos mejor a un tratamiento personal, las vacas también se sienten más felices y relajadas si se les da una atención más personalizada”, fue lo que explicó Catherine Douglas, autora del estudio y miembro del School of Agriculture, Food an Rural Development de la Universidad de Newcastle.

En esto los japoneses nos llevan años de ventaja ya que ellos son expertos en una de las variedades más exclusivas de carne de vaca. En japonés, ‘wa’  significa armonía y ‘gyu’ quiere decir vaca, así que las wagyu son animales que seguramente están muy relajados y en sintonía con sus criadores. Se dice que a principios de siglo, cuando los wagyu se empezaron a utilizar para alimentar a la población, los primeros ganaderos tuvieron muchas dificultades para que las reses se acostumbraran a su nueva vida. Por eso les daban masajes para tranquilizarlas y cerveza –o levadura de cerveza en el pienso- para estimular su apetito. Con esos cuidados no hay duda de que la carne será exquisita.

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